" MM: Vamos a hablar del amor humano en relación con la vida espiritual. Muchos de nosotros podemos meditar, leer literatura espiritual, imaginar la apertura de nuestros corazones, pero en el terreno del intenso contacto emocional con otras personas, la sabiduría espiritual parece desaparecer. Esto provoca hipocresía, confusión y aislamiento.
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AH: ... Para espiritualizar nuestras relaciones, es útil darnos cuenta de que cada persona es una faceta distinta del diamante de Dios. (...) Si nos enfrentamos a una relación como si fuera una meditación sagrada, sentimos una nueva ternura. La energía de esa relación se llena de una nueva escrupulosidad y cuidado. Con esa energía es más difícil cometer los errores que podíamos habernos sentido tentados a cometer antes. (...) Puesto que nuestra atención se centra en la esencia de la otra persona (y las formas de las que abrirnos a ella crea oscuridad de la que tenemos que sanarnos), cada vez somos menos capaces de reaccionar como antes.
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MM: Por desgracia, el culto a la relación romántica nos enseña a considerar el amor como un frenesí de sexo apasionado, una evasión de nosotros mismos y el mundo, una droga a la que se nos anima a hacernos adictos.
AH: Cyril Connolly dice que la vida sin amor es como una operación sin anestesia. Está es una actitud muy triste hacia el amor. El amor no es una evasión de nada, sino una entrada en una dimensión más alta de conciencia y responsabilidad en la que están en juego las más elevadas verdades. Esta es una versión del amor de la que la gente huye. En una cultura dedicada al placer como la nuestra, esta visión es casi tan amenazadora como la visión de la iluminación.
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MM: Esto no tiene nada que ver con lo que la mayoría de la gente considera que es el amor.
AH: Yo sé por experiencia que la mayoría de nosotros hemos inventado una falsa teología del amor romántico. Puesto que la sociedad nos niega una salida trascendental, ponemos en el amor romántico el peso de redimir nuestras vidas, de enseñarnos sobre la naturaleza de la realidad, de permitir la clase de trascendencia que solo puede lograrse mediante la oración y la comunión espiritual INDIVIDUAL con el Divino. HEMOS HECHO QUE EL AMOR LLEVE UNA CARGA QUE NO PUEDE LLEVAR, y de aquí ha surgido mucho sufrimiento. El amor romántico es una ilusión maravillosa pero peligrosa, por que es casi siempre una especie de idolatría. La persona se convierte en el dios de cuyas manos recibimos gracia o terror, y a través del cual experimentamos una clase de éxtasis que casi siempre está mancillado con sufrimiento, en lugar del éxtasis de lo Divino, que está libre de dolor.
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Todo ser humano al que amamos es un reflejo de lo Divino, pero es peligroso transferir a esa persona nuestra necesidad de trascendencia. Ama a tu amante no solo por él mismo, sino en y por Dios, en y por el Ser Divino, como un brillo de Dios o del Ser. La auténtica comunión espiritual hará la sexualidad de una unión así mucho más suave, más gozosa, más reveladora.
MM: De hecho, se convertirá en un romance del espíritu.
AH: Exacto. Esta clase de romance auténtico tiene siempre la fragancia del alma, una maravilla contemplativa ante lo que es incognoscible y misterioso en la otra persona. Dos amantes con esa conciencia, más que estar físicamente unidos, es que su almas intentan alcanzar la unión a través del cuerpo. Esto confiere a la relación una gran intensidad y pureza, una urgencia de comunicar las profundidades de sus corazones y sus secretos. El romance auténtico es un intercambio en todos los niveles de todas las profundidades que se hayan acumulado a lo largo de toda una vida, el encuentro de dos seres completos que se han construido una rica identidad espiritual y que se unen en un deseo apasionado de compartir tesoros de su búsqueda.
MM: Esto no parece una tarea para niños. De hecho, Rilke dijo que el amor es muy raramente para los jóvenes.
AH: ¿Cómo pueden conocer el amor dos personas que todavía no se han construido una identidad? Se arrojan una sobre la otra y se destrozan intentando encontrar algo de claridad y unidad. Se tardan años en comprender y practicar el amor del que yo hablo. (...)
El fruto de la vida espiritual es que al final podemos amar a otra persona de verdad, en cuerpo y alma. Amar conscientemente con tu ser divino a otro ser divino es una de la experiencias más elevadas en este mundo. Amar a conciencia con tu corazón divino, que no tiene límites, a otro corazón divino crea en la vida cotidiana lo que san Juan de la Cruz llamaba -la ternura de la vida de Dios-.
MM: Pero muchas relaciones siguen basándose en la conveniencia, el dinero, etc.
AH: ¿Tú crees que se pueden llamar relaciones? ¿Quién se relaciona con quién? ¿Puede existir una relación cuando hay explotación? Deberíamos decir que la relación solo empieza con cuando empieza la claridad. Ricardo de San Víctor dijo que - Amar es ver -, y eso nos exige un gran esfuerzo de atención e imaginación, un autoanálisis profundo y la capacidad de ver a la otra persona como sagrada. Lo que la mayoría de la gente llama "relación" es el choque de dos ignorancias, dos catástrofes, dos psiques que sufren, como pasa al final de Playa de Dover, de Matthew Arnold, dos -ejércitos ignorantes que se enfrentan de noche-. De ahí el trágico sufrimiento que vemos en nuestra cultura.
(...) (...) (...)
MM: Hablemos del papel de la amistad sagrada en la trasformación.
AH: Yo creo que la luz que la Madre Divina ha volcado sobre el mundo se comunica de corazón a corazón, de amigo a amigo. (...) Dos personas que sienten una profunda confianza mutua para hablar de las cosas más íntimas y permiten que se manifieste su hambre espiritual, para compartirla en simplicidad. Al estar libre de la complicación del deseo la amistad tiene un poder enorme. En su más alto nivel, la gloria de la amistad es que en ella no existe ninguna dominación: es el juego libre y encantado de los seres libres, de los espíritus libres. (...)
Llegué a quererla de una forma tan sencilla que se convirtió en una de las voces sagradas de mi propio espíritu. Todas la barreras entre nosotros eran traslúcidas, de modo que podíamos, de una forma natural, sanarnos, instruirnos, informarnos y animarnos el uno al otro. Y esto sucedía no con solemnidad, sino en una atmósfera de la más dulce comicidad, en un ambiente de la más tierna libertad sagrada.
A través de mi amor por Astrid aprendí que cuando dos seres están unidos en una búsqueda mística, la pasión y la alegría de la amistad se hacen mucho más profundas y se abren a los mundos de la iluminación.
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El amor se convierte entonces no solo en una experiencia personal, sino en una forma de abrir el corazón al mundo entero y al brillo del misterio divino en todo y en todos.
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Si dos soledades pudieran hacer lo que dijo Rilke (proteger, bordear y saludarse la una a la otra), realizarían juntas el trabajo del viaje. Los amantes viajeros tendrían así la fuerza de contar el uno con el otro para hacer guardia sobre sus seres visionarios, como unos dragones que protegen el tesoro más profundo de cada uno, leones y leonas que protegen el oro del alma del otro.
(...)
El amor humano hace surgir revelaciones y lleva la experiencia divina a los detalles corrientes de la vida para revelar el esencial carácter sagrado de la vida, iniciando a los amantes a la vez en la plenitud de la presencia divina. Como se pone de manifiesto en La tabla de esmeralda: - Asciende con gran inteligencia de la tierra al cielo y desciende de nuevo a la tierra, y une los poderes de las cosas más altas y las más bajas. Así recibirás la gloria del mundo entero y la oscuridad....... huirá de ti. - ""
Capitulo 15: La visión del amor
Espíritu y materia, el renacimiento espiritual para una mundo más humano
Andrew Harvey y Mark Matousek
