Cuando recién me divorcié luego de dos años de matrimonio obtuve muchos
"pues duraste bien poquito"
"huy, que pudo pasar sí apenas estabas en la luna de miel"
"terminaron muy pronto"
Y luego llegó Anita...
preguntó,
me escuchó,
y me dijo
"no se cómo aguantaste TANTO tiempo"
Y fue la primera vez en todo ese tiempo y esas conversaciones que no me sentí juzgada, loca o sóla en mi pensar y sentir.
Qué importante es validar al otro desde su observador (y no el propio) para poder acompañar.
La verdadera empatía puede aligerar el peso en tus hombros (o tu alma) y seguir calentando el corazón aún algunos años después.
Gracias Anita.
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