"La sinceridad con uno mismo es una de las más duras exigencias
que el ser humano puede hacerse"
La enfermedad como Camino
La medicina moderna ve en la enfermedad una molesta perturbación del "estado normal de salud" y por lo tanto trata por todos los medios de desterrarla.
Nosotros deseamos indicar que la enfermedad es algo más que un defecto funcional de la naturaleza: es parte de un sistema de regulación muy amplio que está a nuestro servicio en la búsqueda de la unidad. No se debe liberar al ser humano de la enfermedad, ya que la salud la necesita como contrapartida o polo opuesto.
Nosotros deseamos indicar que la enfermedad es algo más que un defecto funcional de la naturaleza: es parte de un sistema de regulación muy amplio que está a nuestro servicio en la búsqueda de la unidad. No se debe liberar al ser humano de la enfermedad, ya que la salud la necesita como contrapartida o polo opuesto.
Deberiamos desterrar la ilusión de que es posible evitar o eliminar del mundo la enfermedad. Las personas totalmente sanas, sin ningún defecto, sólo están en los libros de anatomía. La enfermedad es un estado de imperfección, de achaque, de vulnerabilidad, de mortalidad. La naturaleza cuida que, en el curso de su vida, el ser humano se adentre más y más en el estado de la enfermedad al que la muerte pone broche final.
La enfermedad esta ligada a la salud como la muerte a la vida.
La enfermedad y la muerte destruyen las múltiples ilusiones de grandeza del ser humano y corrigen cada una de sus aberraciones.
La enfermedad esta ligada a la salud como la muerte a la vida.
La enfermedad y la muerte destruyen las múltiples ilusiones de grandeza del ser humano y corrigen cada una de sus aberraciones.
El ser humano vive desde su ego y el ego siempre ansía poder. Cada -yo quiero- es expresión de ese afán de poder. El yo se hincha más y más, y con disfraces sabe obligar al ser humano a servirle. El yo vive de la disociación y, por lo tanto, tiene miedo de la entrega, del amor y de la unión. El yo elige y realiza un polo y expulsa la sombra que con esta elección se forma hacia el exterior, hacia el Tú, hacia el entorno.
La enfermedad compensa todos estos prejuicios por el procedimiento de empujar al ser humano, en la misma medida en la que él se desplaza del centro hacia un lado, hacia el lado contrario, por medio de los síntomas (lo que nosotros comúnmente llamamos enfermedades).
La vida es el camino de los desengaños: al ser humano se le van quitando una a una todas las ilusiones hasta que es capaz de soportar la verdad.
Así, el que aprende a ver en la enfermedad, la decadencia física y la muerte los inevitables y verdaderos compañeros de su existencia, descubrirá muy pronto que este reconocimiento no le conduce a la desesperanza sino que le proporciona a unos amigos sabios y serviciales que constantemente le ayudaran a encontrar el camino de la verdadera salud.
Así, el que aprende a ver en la enfermedad, la decadencia física y la muerte los inevitables y verdaderos compañeros de su existencia, descubrirá muy pronto que este reconocimiento no le conduce a la desesperanza sino que le proporciona a unos amigos sabios y serviciales que constantemente le ayudaran a encontrar el camino de la verdadera salud.
Por que, desgraciadamente, entre los seres humanos rara vez hallamos amigos tan leales que constantemente descubran los engaños del ego y nos hagan volver la mirada hacia nuestra sombra. Si un amigo se permite tanta franqueza, enseguida lo catalogamos de "enemigo". Lo mismo ocurre con la enfermedad. Es demasiado sincera como para hacerse simpática.
Nuestra vanidad nos hace tan ciegos y vulnerables como aquel rey cuyos ropajes estaban tejidos con sus propias ilusiones. Pero nuestros síntomas son insobornables y nos imponen sinceridad. Con su existencia nos indican qué es lo que todavía nos falta en realidad, qué es lo que no permitimos que se realice, lo que se encuentra en la sombra y está deseando aflorar, y nos hacen ver cuando hemos sido parciales. Los síntomas con su insistencia o reaparición nos hacen ver que no hemos resuelto el problema con tanta eficacia y rapidez como nos gusta creer. La enfermedad siempre ataca al ser humano por su parte más vulnerable, especialmente cuando cree tener el poder de cambiar el curso del mundo. Basta un dolor de muelas, una ciática, una gripe o una diarrea para convertir a un arrogante vendedor en un infeliz gusano. (Muahaha!)
Esto es precisamente lo que nos hace tan odiosa la enfermedad.
Así... la enfermedad hace curable al ser humano. La enfermedad es un punto de inflexión en el que lo incompleto puede completarse. Para que esto pueda hacerse, el ser humano tiene que abandonar la lucha y aprender a oír y ver lo que la enfermedad viene a decirle. El paciente tiene que auscultarse a si mismo y establecer comunicación con sus síntomas, si quiere enterarse de su mensaje. Tiene que estar dispuesto a cuestionarse rigurosamente sus propias opiniones y fantasías sobre sí mismo y asumir conscientemente lo que el síntoma trata de comunicarle por medio del cuerpo.
La curación (la autentica), siempre está asociada a una ampliación del conocimiento y una maduración.
Si el síntoma se produjo por que una parte de nuestra sombra se proyectó en el cuerpo y se manifestó en él, la curación se conseguirá asumiendo conscientemente el principio del síntoma, con lo cuál se le redime de su existencia material.
Citas cuasi textuales de "La enfermedad como camino" de Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke
que tenía q transcribir para retener.... y compartir.